Buques congeladores

A colación con el post que publiqué hace unas semanas acerca de la conservación del pescado (si no lo habéis leido pinchad en el link), hoy vamos a hablar de los buques congeladores.

Los buques congeladores son un tipo de barco que se encargan de transportar mercancía que necesita un tratamiento térmico, en la mayoría de los casos pescado, pero también puede transportar fruta, verdura y otros productos frescos.

A la hora de diseñar el buque tenemos que tener en cuenta su cometido, ya que diferirá dependiendo del tipo de carga:

  • Carga refrigerada (fruta, verdura, etc.): el buque deberá tener formas finas permitiéndole alcanzar velocidades próximas a los 20 nudos, de forma que la carga llegue a destino lo antes posible sin apenas pérdida de propiedades.
  • Carga muerta (pescado): la velocidad deja de ser un factor importante, por lo que el buque tendrá una configuración distinta.

Los primeros barcos de este tipo datan de finales del siglo XIX, cuando se produjo una alta demanda de carne por parte de Europa, que debía ser cubierta por países como Argentina y Australia.

A día de hoy, el proceso de congelación debe realizarse de forma que los cambios físicos, bioquímicos y biológicos sean reducidos al mínimo. Para ello el producto deberá pasar rápidamente por el abanico de temperaturas de máxima cristalización del hielo, la cual no es igual para todos los productos.

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Buque congelador (Fuente: http://www.histarmar.org)

Se deberán dejar espacios para que el aire circule entre las cajas de productos, ya que de lo contrario la congelación no se produciría de forma uniforme, favoreciendo con ello la aparición de microorganismos.

La temperatura de la carga nunca deberá ser mayor de -18ºC, y si se producen cambios en el lugar de almacenamiento, se realizarán con equipos de aislamiento adecuados que impidan el calentamiento de la misma.

Por lo que se considera fundamental en estos buques disponer de sistemas aislantes con buenas propiedades físicas, que minimicen la absorción de energía del exterior y garantizar una temperatura adecuada para la carga. Si el aislamiento no fuera el adecuado, el sobrecoste que llevaría la pérdida continua del frío haría que los viajes perdieran su rentabilidad.

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